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Sepulveda Fernando

 

 Comentarios críticos:Información extraída de: http://selvaticas.blogspot.com/2010/09/entrevista-fernando-sepulveda-un-pintor.html 

 ENTREVISTA A FERNANDO SEPÚLVEDA, UN PINTOR QUE VIVE EN LA BUSQUEDA

SELVA FLORENCIA MANZUR

Mendoza, 2008

El pintor y dibujante chileno vive y expone sus obras en la provincia desde hace más de tres décadas. Asegura que el contacto con referentes locales de distintas generaciones nutrió y mejoró su visión del arte. Acaba de exponer en el ECA, dentro de poco estará en el MMAMM y adelantó que en 2009 expondrá, por primera vez, en su país natal.

sepulveda fernando

Fernando Sepúlveda es un artista plástico nacido en Chile, pero mendocino por adopción, que desde hace más de treinta años plasma sensaciones y motivaciones de las formas más variadas. En una primera etapa lo hizo sumergiéndose en una visión muy propia del ser humano para luego representar lo abstracto de forma viva y llamativa.

En su país natal pasó por la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y en Mendoza se consolidó de la mano del maestro Eduardo Tejón, con quien aprendió nuevas formas de ver y de moldear la realidad que se crea sobre el papel o la tela.

En su prolífera carrera de dibujante y pintor ha realizado más de 50 exposiciones colectivas y trece individuales, consiguiendo en más de una ocasión trascender las fronteras de la provincia y exponer sus obras en Buenos Aires, San Juan, La Pampa y San Luis.

Las distinciones tampoco se han hecho esperar dado que en 1993 recibió la Primera Mención del Salón Vendimia en pintura, un año más tarde la Primera Mención en pintura del Salón de Ciencias Económicas y en 2002 la Primera Mención en dibujo del Salón Vendimia. Casi a la par de todos sus logros en el ámbito artístico tiene una exitosa carrera como diseñador gráfico que ahora ejerce en la productora local Plan V.

Si bien sus capacidades son notables tanto en dibujo como en pintura, Sepúlveda se reconoce como un pintor profundo y siempre en la búsqueda, ese camino que todos los artistas transitan, pero que él admite lo ha llevado a estar, como nunca, satisfecho frente a sus logros.

Su última muestra, que tuvo lugar en julio en el Espacio Contemporáneo de Arte, lo encontró canalizando las formas más intransigentes de caos –el suyo propio y el del resto del mundo- con colores y provocaciones estimulantes para los sentidos.

En diálogo con +Cultura, Sepúlveda habla sobre la evolución de su arte, las nuevas formas de expresión inducidas por la tecnología y de la muestra que realizará antes de fin de año en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza. Además, adelantó que para 2009 planea lo que será su primera exposición en Chile y una muestra en la Bodega Zuccardi.

– ¿Cómo y cuándo empezaste a pintar?

– Fue bastante azaroso, pero creo que hubo algo vocacional, casi como lo hace cualquier niño. En la secundaria siempre estaba dibujando y no era lo que se dice un buen alumno. En el curso al que yo iba también había un chico que dibujaba y que luego se hizo pintor, pero en Holanda, Fernando Langue se llama. Él fue a rendir a la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar como para darle un marco más institucional a eso que nos gustaba. Cuando rindió bien me instó a que fuera, yo dudaba porque pensaba que para rendir había que saber dibujar muy bien y yo no creía que pudiera, pero me convenció. Me pasó unas hojas, un lápiz y fui. Llegué al Palacio de Bellas Artes, que se me presentó como un mundo organizado y serio, y quedé fascinado.

– Fue entonces que tuviste que irte de Chile…

– Sí, fue bastante sorpresivo y violento el cambio porque mi padre había sido fundador de un gremio y mi hermana y yo militábamos políticamente. Éramos partidarios del  gobierno de Salvador Allende y cuando sobrevino el golpe yo incluso estuve detenido y al reencontrarnos toda la familia decidimos que teníamos que irnos porque corríamos peligro y lo más cerca que teníamos era Mendoza.

– Una vez aquí, experimentaste una suerte de reencuentro con la pintura…

– Sí, pasaron varios años hasta que volví tranquilo a encontrarme con esa inquietud, con la idea de continuar en el tema de la plástica y preguntando por ahí llegué al taller de Eduardo Tejón. Allí volví a empezar, asistí tres años y a partir de eso me fui encontrando con otra gente que pintaba, algo que me ayudó a afianzarme en ese ámbito y en lo que hacía. Tuve una etapa que quedó, por decir de algún modo, rota en Chile y en Mendoza me reencontré con la pintura y no la dejé más.

– A la hora pintar, ¿pensás o te proponés temas específicos?

– En el desarrollo de las muestras o en algunas épocas de trabajo he tenido una dirección, pero creo que siempre se me ha impuesto más a mí el tema que lo que yo he salido a buscarlo, temas que, a la larga, había tenido una imperiosa necesidad de trabajar y fueron saliendo. De todas formas siempre hay alguna noción sobre lo que quiero trabajar, aunque, no necesariamente después termine elaborando ese plan.

– Hace poco expusiste junto a Egar Murillo y Juan Castillo en el Espacio Contemporáneo de Arte, ¿cómo surgieron las obras que allí mostraste?

– Esas obras las empecé a trabajar a principio de año y quise, desde el inicio, que estuviera presente la sensación de caos. De algo muy caótico, muchas imágenes disputándose el primer plano con igual importancia. Esa idea surgió por dos cosas fundamentales, una que yo soy muy caótico y también porque en otras muestras de pintura siempre había tratado de sofocar esta impronta y había querido hacer un trabajo técnicamente limpio. Conversando con un amigo músico me dijo que hiciera todo lo contrario. Y, de algún modo, le hice caso y trabajando sobre el defecto es donde logré mejores resultados. Además, creo que el mundo cotidiano y la vida es un caos.

– Teniendo esto en cuenta y que hace unos 25 años que exponés en Mendoza, ¿cómo notás que ha ido evolucionando tu obra?

– Hace unos días estuve mirando unos dibujos viejos, de la primera etapa, y noté una evolución en las técnicas y recursos y vi que había un camino recorrido, pero a la vez pensé que era el mismo dibujo. Es decir, como si fuera un largo y grande trabajo que me ha acompañado y que tiene el mismo espíritu, con un mismo hilo conductor. Al menos con respecto a la pintura.