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Ramírez María del Carmen

Comentarios Críticos

Sonia Vicente. Agosto de 2000
Catálogo El cazador de pájaros, setiembre de 2001
Musei Municipal de Arte Moderno

Esta nueva muestra de Carmen Ramirez sintetiza sus producciones anteriores y las continúa. Por un lado, y como técnica, está presente una urdimbre, la trama tejida, que apareciera ya en la serie de los “Angelitos” expuesta en Canal 7 en 1997, y por otro lado mantiene su concepto de la escultura-orfebrería inspirada en la ópera, que diera lugar a una nueva serie, presentada en Salas Libertad en 1998.
Esta vez, la obra que ha inspirado su producción es La Flauta Mágica, ópera compuesta por Mozart en 1791, con libreto de Emanuel Schikaneder, uno de cuyos personajes es Papa gofo, un cazador de pájaros. El argumento de La Flauta Mágica constituye un ejemplo clásico de los principios opuestos que rigen el mundo de la modernidad: lo apolíneo frente a lo dionsíaco.

RAMIREZ M

El relato se desarrolla en un lugar y un tiempo fantásticos en el que dos reinos se hallan en pugna:
el Mundo de Sarastro en el que prevalece el principio masculino y que representa la sabiduría, la luz, la verdad, el bien, la rectitud; y el mundo de la Reina de la Noche, cuyo principio femenino es oscuridad, misterio, pasión y placer. Entre estos mundos sobrenaturales se mueven los hombres, algunos tendiendo hacia la perfección y la espiritualidad, otros anegados en la materialidad de la vida. Uno de estos últimos es Papageno, hombre pedestre, inculto y baladí, que vive de la caza y sólo se inquieta por los placeres de la vida.
Carmen Ramírez rescata este personaje pero lo recrea en un contexto contemporáneo.
Su propuesta estética escapa de lo tradicional. En primer lugar porque juega en los límites de la orfebrería, el tejido y la escultura, poniendo en cuestión la jerarquización de “artes mayores y menores” y en segundo lugar, porque es una propuesta marcadamente conceptual. Como en la ópera, Papa geno representa una faceta oscura y negativa de la condición humana: es un depredador.
Formas lacerantes, agudas y un diálogo entre rojos y blancos, remiten al ritual de la caza y también a la relación de violencia y oposición del hombre ante la naturaleza. Las distintas piezas están animadas por un principio dual: entre cazador y presa no hay continuidad sino oposición, están literalmente frente a frente. Aparecen símbolos angustiantes: un arca, (imagen de la salvación) con su carga de pájaros en vuelo frustrado, jaulas oprimentes, formas fantasmagóricas, máscaras, pectorales punzantes, lanzas que atraviesan. En una de las piezas, el cazador se presenta con el rostro cubierto, como sorprendido en pleno ritual de preparación para la caza, en otra, se mimetiza con la presa, aludiendo al engaño como ardid para dominar al otro.
Carmen conjuga de manera admirable toda esta densa atmósfera de opresión y violencia, con la urdimbre, el tejido, un quehacer ancestral que alude al ropaje, al abrigo, a lo femenino, al hogar, reflejando en armoniosa síntesis su condición de mujer- artista.

José E. Díaz
Catálogo In memoriam Cesare Pavese
Espacio Contemporáneo de arte Mnedoza 2001

La obra escultórica que en esta ocasión presenta Carmen Ramírez, no es solo una interpretación o traducción plástica de la obra poética de Cesare Pavese, sino también un camino de búsqueda profunda en el alma del escritor que la lleva a identificarse plenamente con él y con su inmenso y solitario sufrimiento en el momento único de su terrible muerte
Los últimos poemas de Pavese son un anuncio cada vez mas claro de ese final largamente vivido y decidido.
En ellos aparece la mujer que es para él piedra, dura y oscura, que no se puede ni se deja descubrir, simbolizada constantemente en la tierra seca, en la muerte y en el silencio. La siente cubierta de dolor y de angustia que quisiera manifestarse en un grito, sin lograrlo.
De “Verra la morte e avra i tuoi occhi” y “La terra e la morte”, Carmen Ramirez elige 5 poemas y les da vida de un modo sumamente original y personal: ella siente esa mujer que el poeta no puede alcanzar y que es reflejo de su propio drama interior y la plasma en imágen escultórica.
Al dar forma a esa mujer que es la interlocutora silenciosa de todos los últimos poemas del escritor, Ramirez la muestra a través del frío aluminio como un cuerpo lacerado, un sexo escondido, un rostro ausente y roto, unos ojos vacíos, todo extendido sobre un blanco sudario que reporta sus poemas.
En un salto figurativo y de estilo pasa en la última instalación al momento único y eterno, hacia el que los poemas caminan y anuncian la tarde del 26 de agosto de 1950 en que se encuentra la autora frente al cuerpo muerto de Cesare Pavese: Lo ve como un traje vacío, prolijamente extendido, sus zapatos lustrados y alineados, junto al cadáver descalzo; solo rompen la perfecta estnictura del momento los 16 punzones que se clavan en el pecho y que simbolizan los 16 frascos de somníferos perfectamente ordenados sobre la mesa de luz.
El no quiso molestar a nadie, ni que se le diera importancia a ese acto trágico y así lo dejo escrito.
La escultora cambia su ubicación: de ser mujer que recibe la dolorosa confesión de sus poemas y a la que nunca, ni en su último momento pudo asir, pasa a convertirse en una observadora conmovida de esa escena final bañada por la tenue luz de una pieza de hotel en Turín donde se consuma una vida que había tenido una sola dirección desde el comienzo: una muerte, calculada y liberadora, la única mujer que al final lo recibió.
Pocas veces se ha logrado una identificación y traducción tan plena entre dos artes y dos personalidades y este es el mérito de nuestra escultora.

Uno ramirez

Fad Ramirez

Bilblio digital ramirez