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Por amor al arte

Por amor al arte
Fecha: 2001-03-03
Medio de prensa: LOS ANDES
Autor: N/F
Síntesis:

Base de datos visualobjeto-a-Relevamiento diarios provinciales-

Mendoza, Argentina
Sábado

 

Por amor al arte

En ocasión de la charla con Sara Rosales, creímos básico discutir sobre el papel de los organismos nacionales en la descentralización cultural.

-¿Qué significa para vos haber sido ratificada como delegada del FNA?

-Una enorme confirmación. Durante estos diez años conseguimos cosas importantes que, sin embargo, no han tenido gran difusión. Por eso, que me ratifiquen en este cargo implicó para mí un gran reconocimiento y una aún mayor responsabilidad.

-¿Cuál es exactamente el papel de un delegado del FNA?

-Facilitar la llegada de los artistas, creadores y emprendedores pertenecientes a la provincia o región a la que pertenece el delegado a los diversos beneficios que otorga el FNA, que pueden ser becas, subsidios, préstamos y concursos.

-¿Cuáles son tus mejores logros a lo largo de estos diez años?

-Una de las mayores satisfacciones fue la de haber convertido subsidios que otorgaba el FNA en importantes salones y certámenes literarios que se realizaron aquí en Mendoza y que beneficiaron a varios de nuestros artistas y escritores. Buena parte de mis esfuerzos como delegada han estado concentrados en aportar ideas y gestos para descentralizar al FNA.

Una de las consecuencias de esta postura fue que conseguimos que se otorgaran becas también para el interior del país. Pero la tarea sigue y nuestro máximo propósito es que en algún momento sean las delegaciones del interior las encargadas de seleccionar y distribuir los beneficios.

-Según tu punto de vista ¿en qué situación se encuentra la cultura de Mendoza?

-Nuestra provincia es culturalmente muy rica. En todas las disciplinas. Basta pensar en artistas y creadores como Alonso y Tejada Gómez. Pero lamentablemente sufre el mal endémico de la “centralización”. Nuestra capital provincial también es, como decía Martínez Estrada, “una cabeza de Goliath”. Hay en cada pueblo, en cada barrio valores insospechados que, dados a la luz, redundarían en un gran renacimiento cultural.

Por eso hay que descentralizar los fondos. Ejercitar un verdadero federalismo, de la Nación a la Provincia, de la Provincia a los municipios, de los municipios a los barrios y, en definitiva, al pueblo, único hacedor y destinatario de los hechos culturales.

Sin embargo Mendoza, pese a las buenas intenciones de la Subsecretaría de Cultura, no escapa al vicio de considerar como “sucesos” culturales principalmente aquellos que suceden en los ámbitos capitalinos. Se hace necesario entonces revisar las políticas culturales, donde está el “talón de Aquiles” que provoca la derrota del crecimiento de nuestra cultura.


Versiones de una obra maestra

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Luché intensamente por la pintura no figurativa

Fecha: 2001-02-24
Medio de prensa: LOS ANDES
Autor: Valdivieso Laura
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Mendoza, Argentina
Sábado

“Luché intensamente por la pintura no figurativa” trayectoria artística de Rosalía de Flichman

Por Laura Valdivieso

Comprometida en una tarea que no tiene precedentes en Mendoza, por lo menos en el marco de la iniciativa privada, la Fundación Auge ha iniciado un profundo trabajo interdisciplinario con el objeto de “rescatar” de la memoria de los mendocinos la trayectoria artística de Rosalía de Flichman.

El proyecto abarca desde la restauración de las obras dañadas, siguiendo por una catalogación y estudio exhaustivo de la producción artística, con el objetivo final de publicar un libro y realizar una muestra retrospectiva en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza en setiembre de 2001.

Una particular trayectoria

Rosalía de Flichman, nacida en Ucrania en 1908 y muerta en Buenos Aires en 1993, se convirtió, desde 1922, en argentina por adopción. Alumna en la Academia Provincial de Bellas Artes de maestros como Roberto Azzoni, Fidel de Lucía y Antonio Bravo, su primer contacto con el arte fueron los estudios académicos: la figura humana y el paisaje. Y así es su primera pintura.

Pero inquieta y viajera incansable, pronto se convertiría en una de las figuras fermentativas de los cambios de gusto del público y los especialistas mendocinos, luego de una experiencia en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, que ella misma recuerda así: “En 1950 entré por primera vez en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York. El impacto fue tremendo. Sentí con toda mi intensidad que el abstracto era mi forma auténtica. Recibí la gran inspiración, comprendí lo importante del arte por el arte, de la riqueza de la materia, de la composición del color. Luché intensamente por la pintura no figurativa”.

Respaldada por nombres como Marcelo Santángelo, Adolfo Ruiz Díaz y el arquitecto Sánchez de Bustamante, quienes desde sus cátedras y su quehacer difundieron también el “nuevo arte”, hoy nadie puede separar del recuerdo de esta artista aquella especie de revolución que significó la inserción del Arte Abstracto en el mundo, y en particular en Mendoza. Una tarea que parece no haber terminado, ya que las nuevas abstracciones siguen siendo conflictivas en su contacto con nuestro público.

Con la innovación constante como paradigma del arte, Rosalía de Flichman fue una mujer formada en las ideas modernas. Compañera de tareas con otros artistas, desarrolló paralelamente un pensamiento político en torno a la cultura. Presidió la Sociedad de Artistas Plásticos y volcó en varios artículos periodísticos sus conceptos sobre políticas culturales, mercado de arte, etc. Una mujer de “armas tomar”, poco común entre aquellas de principios de siglo. Un antecedente indiscutible de la presencia femenina en el campo de la historia del arte de Mendoza, hoy continuada por importantes nombres como Eliana Molinelli o Susana Dragotta, entre tantas otras.

Eclecticismo por elección

Referirse a la obra de Rosalía de Flichman nos obliga a reubicar algunos conceptos estéticos establecidos. Podría decirse que su producción no tiene unidad en el conjunto, ni desarrolla un estilo como resultado de un proceso. Paisajismo, figuración académica y expresionista, cubismo, simbolismo, abstracción informalista, neofiguración, son apenas algunas de sus propuestas. Pero en realidad, la verdadera es la búsqueda permanente en el marco de una visión cosmopolita del arte. Sin miedo a dejar de ser ella misma, ni a perder las raíces, todo lo que vio la fue conmoviendo. Viejas y nuevas expresiones artísticas que tenían en común escapar del academicismo vigente. Pintó mucho, sin miedo y sin prejuicios. Podría alguien decir que buscó sin encontrar, pero en realidad encontró “la búsqueda” como nudo del problema del arte de la primera mitad del siglo XX.

En el mes de setiembre de 2001 podremos recorrer sus obras y reencontrarnos con una de las mujeres más importantes de la Mendoza del siglo XX.

 


Tiempos violentos, entrevista con Emiliano Dalmau

Tiempos violentos, entrevista con Emiliano Dalmau
Fecha: 2001-02-17
Medio de prensa: LOS ANDES
Autor: Andrés Cáceres
Síntesis:

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Mendoza, Argentina

Sábado

Tiempos violentos

Andrés Cáceres

Tal vez ya no nos resulte extraño el hecho de apreciar por medio del monitor de una computadora un cuadro, una panorámica o una obra de arte. La tecnología paulatinamente se ha apropiado de nuestra vida cotidiana, de nuestros espacios más íntimos, de nuestras soledades, deseos y hasta, podríamos decir, que también de nuestra capacidad de soñar.

Son las siete de la tarde y un perro va mermando su andar por la galería. Las paredes esbozan colores cálidos. Un taller convertido en casa o viceversa, un escritorio, una mesa de dibujo, una computadora. Algunos cuadros de la exposición anterior, de otro tiempo, de otras ideas, del pasado. El ambiente ideal para charlar largo y tendido con Emiliano Dalmau.

-Antes los ambientes reflejados en tu obra eran cerrados, se notaba un clima más intimista.

-Es un proceso inconsciente, no sé muy bien a partir de qué se ha dado.

(El aire se corta con la misma dureza con la que estalla un espejo. Como música de fondo Bjiörk.)

-Creo que estas pautas están dadas por el futurismo y la aplicación de la tecnología. En estos trabajos se hace presente un quiebre, desde el punto fijo que recorre una persona. En mis trabajos anteriores todo ocurría desde un punto que recorre un espacio por medio de distintas perspectivas. Integrado al espacio por la independencia de cada ser u objeto que tome.

(Sobre la mesa han quedado un par de vasos, el sobrante de una charla previa, la música es una jaula del tiempo, una nueva perspectiva, el monitor vomita nuevos destellos.)

-Es una variación de espacios interiores.

-Estos trabajos revelan mi salida al mundo. Lo otro reflejaba un estado más introspectivo y creo que con un toque más místico. Antes era como crear un ambiente in vitro determinado por la interacción entre el modelo, el escáner y yo. Ahora, la fotografía me permite captar el alma de lo cotidiano, porque con la cámara se establece otro tipo de relación.

(Sobre la pantalla sus obras se esparcen como un juego de cartas)

-Estás hablando de tiempos, espacios y velocidad.

-En los nuevos trabajos hay una búsqueda de la perspectiva, el tiempo y la transparencia. El tiempo se hace presente en una forma más cruda, porque la cámara saca una secuencia de nueve fotos continuas, con intervalos de medio segundo entre unas y otras. Eso hace que haya una variación muy ínfima y a su vez muy grande. Y esto me permite poder desplazarme de un lado a otro buscando distintos ángulos, tomas, tratando de captar tanto el lado derecho como el lado izquierdo a pleno, como también los sucesos intermedios entre los distintos perfiles.

-Buscás el tiempo como un…

-El tiempo, pero como una presencia real, tomando más de un solo momento, que puede estar en ese plano y que se perciba como un elemento más. Por ejemplo: que Florencia está dormida no sólo en el marco de esa foto (señala la pantalla como si se fuera la vida tras ello,) sino en cada una de las texturas y repeticiones que marca este recorrido visual. O de repente poder trabajar con el fuego y poder congelarlo, armar una guarda que muestre una intención de mantener una impronta atemporal.

-Hablaste de secuencias temporales que nos remiten al pasado.

-Es un momento tomado y en cierta manera es pasado. Pero la persona que está frente al cuadro es quien determina el presente, la acción. Porque todo está también visto desde mi perspectiva: no fueron fotografías impersonales, cada objetivo no está separado de mí, de mi realidad, son momentos que he vivido.

-Un muestrario de lo cotidiano.

-Lo habitual no son obras que escapen a lo urbano, es gente. Antes estaba más ligado al dibujo y a la pintura, ahora al cine. Primero con concepciones más primitivas en cuanto al uso de los ambientes cerrados, ahora más abierto al lenguaje cinematográfico. Está más cerca del videoclip porque trata de una secuencia perfecta, de fragmentos de una misma realidad coexistiendo en un mismo tiempo.

-Una nueva interpretación de las perspectivas…

-No sé si con mi obra obtengo una visión amplia del mundo. Simplemente trato de captar lo hermoso y lo inestable que es. De capturar la velocidad en la que éste se transforma, como alguien que camina dando cada paso seguro, como un gigante creador.

(Bjiörk aúlla como “las sirenas” y repite su secuencia inicial… el momento es un barco.)

-Le asignás a la imagen un valor poético.

-Todo lo que hago esta filtrado, es como mirar el mundo a través de una botella.

-Eso es lo que te separa de la fotografía…

-La fotografía por ahí es más lineal, creo que trato de mirar el mundo a través de los ojos del mundo. No tiene sentido hacer una obra obvia. Todavía estoy en la etapa del conocimiento de la forma, pero cada imagen es algo que se aprendió y se vivió, es parte de mi vida, es un relato que podés descifrar.

-Teléfono rojo.

-Es una impresión sobre papel y filminas que marcan otra composición. Hay una composición dentro de la composición y dan otros tonos, otros colores y brillos a lo que era la idea general del cuadro. Contrastaban de forma mucho más fuerte los colores y los cortes. Es una obra que habla de la incomunicación, de la larga espera para obtener una respuesta.

-La búsqueda orientada al aprendizaje…

-Me parece que eso es lo que hace a un trabajo atractivo. Es como hablar con alguien, con un amigo que vas aprendiendo a querer a medida que vas descubriendo sus secretos. Esa es la relación que tengo con el arte. Estás aprendiendo a aprenderte, y ese es el contacto para mí entre el arte y el mundo exterior, mezclás todo y tomás sólo una parte que configura una obra, es una perspectiva única entre lo que sos y lo que has aprendido del mundo, de lo que pasa, de lo que existe, de Dios.

-¿Dios?

-Dios es la química, ese jugo que da el primer empujón para que esta bola comience a girar y siga girando. Es la transformación, Aquél que permite que las cosas mueran y vuelvan a crecer.

(Atrás quedó la casa. Afuera la noche cae sobre la calle. Mañana, después de su sueño, el mundo volverá a nacer)


Imprescindible para el mapa artístico argentino

Imprescindible para el mapa artístico argentino
Fecha: 2001-02-03
Medio de prensa: LOS ANDES
Autor: Andrés Cáceres
Síntesis:

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Mendoza, Argentina
Sábado

Imprescindible para el mapa artístico argentino, los dos volúmenes de «La pintura y la escultura en San Luis», del profesor Carlos Sánchez Vacca

Andrés Cáceres

 

Los dos volúmenes de «La pintura y la escultura en San Luis», del profesor Carlos Sánchez Vacca, nos produce un doble asombro. Primero, la meritoria obra, (aún falta un tomo) abarcadora -desde los precursores, con pictografías y petroglifos hasta la década del ’80-, bien ilustrada, que da cuenta de una actividad cultural importante, rescatada de un prejuicioso olvido y, segundo, que no tengamos una publicación semejante -todavía- sobre el arte en Mendoza.

Cada uno de los capítulos aborda un periodo determinado y se detiene en los artistas más notorios, como asimismo en los salones, exposiciones y actividades afines, tanto de los nacidos en San Luis como de los que allí se afincaron o se fueron y de los que pasaron difundiendo y dejando influencias, ideas, técnicas, polémicas.

La finalidad de Sánchez Vacca -como dice en la introducción- no ha sido la crítica artística sino la recopilación y organización del quehacer plástico, tarea que, junto con su esposa Susana, le llevó muchos años de hurgar archivos, fatigar bibliotecas y hemerotecas no sólo de San Luis sino de Mendoza, Buenos Aires y Chile. En el país hermano -le comentaba a este suplemento- halló, por ejemplo, dibujos de Rugendas hechos en San Luis.

El índice del primer libro ilustra sobre los precursores hasta 1920; tres artistas de trayectoria nacional: Nicolás Antonio de San Luis, Wladimiro Melgarejo y Antonio Miguel Nevot; el lento desenvolvimiento de 1920 a 1948 y la generación del ’50 y nuestro paisaje de 1948 a 1956. El segundo versa sobre la ruptura con el pasado de 1956 a 1970 y el ecleticismo desde esta última fecha hasta 1980.

Los dos suman 760 páginas con muy buenas ilustraciones a todo color y numerosos testimonios fotográficos de hechos culturales y de personalidades que tuvieron que ver con el desarrollo artístico de esa provincia.

El autor, además del loable trabajo que comentamos, es un permanente difusor de la cultura y un artista de rica trayectoria, señalado como uno de los mejores pintores informalistas del país. Ha expuesto en el exterior y en 1961 representó a la Argentina en Lima.

En 1933 señaló Romualdo Brughetti: «Es la suya una neofiguración expresionista. Paisajes de aspereza geológica, de rugosas texturas en la concreción de la pasta». En 1992, Rafael Squirru le escribió: «En verdad ha sido largo su trayecto desde que nos conocimos en aquellos años de ‘Grupo Sí’ de La Plata, la década de los ’50, cuando gracias a usted conocí a otros miembros del grupo tan destacados como Puente o Paternostro. Así como ellos transitaron más tarde los caminos de la neofiguración, así usted se ha mantenido fiel a los planteos informalistas, de fuerte acento matérico…Usted, como Fierro, no se ha hecho ‘al lao de la güeya/ aunque vengan degollando’. Así como me parece lícito plantearse más de una estética, aun en simultaneidad, así me parece de admirable el transitar un solo camino y seguirlo hasta sus últimas consecuencias. Su temperamento le empuja hacia este último tipo de tesón y de fidelidad. Pero, como en arte, al decir de Degas: ‘Nunca se llega’, lo dicho no le impide a usted renovar su paleta y añadir nuevas vibraciones al óleo, que maneja con tanto amor…»

La abundancia de ilustraciones -que encarece toda publicación- permite acercarse a obras que difícilmente podamos ver y al mismo tiempo tener idea de la calidad artística, como asimismo comprobar cómo en una provincia mediterránea, durante años considerada sólo de paso hacia otros destinos, se dieron todos los movimientos de vanguardia nacidos en Europa o Estados Unidos, como igualmente en nuestro país: tal el caso de los neofigurativos.

Sánchez Vacca tuvo que soportar, como los informalistas mendocinos, la incomprensión de un público provinciano, renuente a los cambios, y la malevolencia de la pseudocrítica, aun cuando las tendencias abstractas ya se habían consolidado en las grandes capitales del mundo. Pero él fue testigo privilegiado de la visita del francés George Mathieu a Buenos Aires, donde pintó un gran cuadro en 45 minutos y de las críticas adversas. Atlántida tituló: «¿Arte o carnaval?» Y Clarín dijo: «…los interesantes cuadros que presenta Mathieu no inquietarían ni al escolar más desprevenido…Precisamente, en nuestro país, Juan del Prete ha exhibido algunas muestras de esa suerte de ‘pirotecnia’, pero el argentino tiene un pasado figurativo abstraccionista notable, admirable…»

Cuando Sánchez Vacca expuso en Mendoza en el ’58, Los Andes -en un artículo hecho posiblemente por Di Benedetto- hace una evocación histórica del arte no figurativo y destaca que en noviembre de ese año «Mendoza ha asistido a la exhibición de obras abstractas y no figurativas de tres pintores, que sucede a la de otro artista puntano, de formación mendocina, llamado Sánchez Vacca, que expuso hace más de un mes. La cantidad, en este caso, y la coincidencia de fechas, salen de lo común en la provincia, donde las incursiones parecían ser completamente aisladas…»

También comenta el autor de esta obra con motivo de una exposición: «Cinco años más tarde, la galería D’Elía de Mendoza se verá invadida por chatarras y cartones alquitranados, collages cada vez más heteróclitos, arena, piedras y otros elementos descartables, que componían los cuadros y esculturas de la muestra ‘Dos pintores informalistas de San Luis’ (Amelia Muñoz y Carlos Sánchez Vacca). Los mendocinos – prolijos por naturaleza y por ende en el arte- la rechazaron horrorizados. Desfilaron todos: artistas, público, críticos, profesores de bellas artes y sus alumnos, que sin duda fueron llevados para que viesen ‘lo que no se debe hacer en arte’. Salvo unos pocos -como el profesor Adolfo Ruiz Díaz-, con el maestro Azzoni a la cabeza pusieron en duda la validez de estas obras. Se sumó a ellos el diario Los Andes, que irónicamente se preguntó: ‘Demasiado público no gustó de lo que crean Carlos Sánchez Vacca y Amelia Muñoz, dos informalistas de San Luis. ¿No habrá entendido nadie o realmente las obras carecen de valor?…No obstante, casi 30 años más tarde, el crítico Romualdo Brughetti sitúa a esta exposición como pionera en Cuyo dentro de esta tendencia artística».

Los textos -que van historiando prolijamente el desenvolvimiento de la plástica en San Luis con alusiones constantes y atinadas a toda la actividad cultural- son fluidos, amenos y junto con las ilustraciones y la concepción global constituyen una obra imprescindible para armar el verdadero mapa del arte en la Argentina, siempre referido a Buenos Aires. Esta sinécdoque -tomar la parte por el todo- es decididamente arbitraria, mezquina e injusta y para revertirla hace falta que surjan -en todo el país- libros como los de Sánchez Vacca.


Una pintura diversa y gozosa

Una pintura diversa y gozosa
Fecha: 2001-01-20
Medio de prensa: LOS ANDES
Autor: Andrés Cáceres
Síntesis:

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Mendoza, Argentina
Sabado

Una pintura diversa y gozosa, comentario obra de orlando pardo

Cáceres Andrés

Está el que busca lo sustancioso y construye el espacio («Ventana», «Paisaje de techos»; el que se deleita con lo aleatorio y rinde culto a un ‘dripping’ sutilmente guiado («El ombligo del mundo»); el que construye el paisaje a puro gesto («Tranquera al infinito»); el que basa todo en una idea y quiere transmitir sensaciones («Viento Zonda», «Lluvia»); el que sintetiza en la pura línea invitando al espectador a completar la obra («El collar», «Pies»); el que cifra en símbolos y se inscribe en la pintura americanista («La piedra nube», «La montaña flauta»); etc.

Pardo es un intuitivo y por eso no busca; más bien se deja encontrar por la forma y la identidad de su prolífica obra está dada por una pintura gozosa, que trasunta cierta felicidad y es eminentemente poética.

Su afán político -es decir, que lo suyo sea útil y tenga destino social, difusión masiva- lo llevó, muchas veces, a intentar el mural, a pintar sobre la montaña, a mostrar bocetos para espacios amplios, pero no tuvo eco en un país que todavía no toma conciencia del atractivo estético y turístico del entorno cultural y confina a la plástica a los interiores.

Del constructivismo al manchismo; de la restauración clásica al automatismo y desde la ceñida línea del retrato al puro hedonismo cromático, se expresa con una facilidad característica y asombrosa. Esa resolución rápida y hábil es una técnica que está consustanciada con él, que aparece siempre en la obra y contagia la legítima alegría que la informa.

La faceta negativa -en todo caso- está en los numerosos imitadores, convencidos de que al obrar de ese modo lograrán los mismos resultados y que se quedan enredados en un híbrido con algo de las vanguardias de los años ’50 y un alto porcentaje de un realismo intrascendente.

Como todos aquellos que producen mucho y rápido y que viven de su trabajo, Pardo tiene cuadros de mero compromiso mimético (todos aquellos retratos por encargo que exigen el parecido fisonómico) y otros tantos que quedaron dentro de la medianía de un oficio ejercitado.

Él sabe, sin duda, como artista auténtico, que la inspiración es una fuente inconstante y que debe provocársela cada día. No por ello recurre a la diversidad, sino porque la mano, cada día, inventa en la tela y da cuenta, sin mayores especulaciones, del propio espíritu del artista, que en ocasiones entrecruza técnicas en un mismo cuadro y, sin proponérselo, refleja una faceta característica del mundo actual.

Un ejemplo de esto es «El dirigente político», donde se arriesga a perder la unidad armónica a cambio de expresar la realidad. De modo semejante, en «Egos» pone un vigor ‘fauvista’ para representar el orgullo y la infatuación, así como en «Quién le pone el cascabel al gato» sobrenadan la confusión y la arbitrariedad a través de un intenso cromatismo y fuertes contrastes de cuño expresionista.

Ser como se es y obrar en consecuencia. Tal es su premisa básica. Buen lector y amante de todas las artes, asume ese categórico y sentencioso verso de Borges que dice: «Soy esa torpe intensidad que es un alma». De allí su pintura, diversa y de una magia sustentada por la sensualidad cordial de lo sencillamente bello.