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Gil Angel

por Mercedes Fernández- Febrero 2007 Gil Angel-Cuando las sombras esplenden-“Yo diviso tu anchura que ahonda las afueras, y me estoy desangrando en tus ponientes (…) Yo sé que te desgarran (…)no sé si eres/a muerte.Sé que estás en mi pecho.”Jorge Luis Borges-Dentro de un coherente correlato, las obras que Angel Gil nos propone en esta oportunidad componen un período que va desde 1995 hasta el 2007. El modo de manejarla luz, el color y el sentido de la realidad son una preponderante que atraen y emocionan en planteos de gran belleza, ya sea en un cuadro de pájaros y frutas o uno con paisajes y plenilunios. Este artista es absolutamente intuitivo. Parte de un lienzo en blanco al que chorrea pintura y luego, según él mismo explica, se sienta “a ver qué cosas dice la obra misma.”

GIL

El cuadro encuentra su propio tema y en entonces cuando aparecen las líneas, las siluetas, los ejes de la composición. El manejo de las luces y sombras que no se contrastan violentamente son en esta obra muy importante. Son vislumbres de la oscuridad. El negro brilla, el blanco equilibra, los grises acompañan. Apela a escasísimos colores, en su gran mayoría puros, como el rojo, el azul y el amarillo. Esgrafía cuando hace falta, deja tela en blanco cuando no requiere más que un espacio sin matices. “La oscuridad es la sangre de las cosas heridas”, dijo alguna vez algún poeta. Y Gil parece expresar algo parecido. Luces y sombras La pintura de Gil está claramente marcada por el tratamiento de la luz. Dentro de un intenso expresionismo abstracto, en sus cuadros puede observarse la gran maestría con la que maneja la luminosidad al emplear la técnica del tenebrismo creando grandes oposiciones entre destellos y sombras. El artista utiliza la luz para llenar de realismo la escena y consigue destacar violentamente las partes iluminadas sobre las que no lo están. Utiliza la irradiación lunar con una luna muchas veces escondida entre las nubes, para construir la forma, introduce un foco de fosforescencia que, normalmente, atraviesa el cuadro diagonalmente y con esto consigue resaltar los elementos de la escena y, en muchas ocasiones, enfatizar los fondos. Angel Gil fue en sus comienzos un reconocido pintor abstracto, y a partir del período que hoy expone, su obra se concentra en el aspecto colorístico y plástico, Configura plenamente el claroscuro, diseño al que apela generalmente a un solo color bajo sobre al campo en el que pinta y utiliza un único foco de luz para resaltar lo que más le interesa. Logra con Bosques, pajonales y misceláneas Las más de cuarenta obras expuestas en esta muestra pueden reunirse en tres series: Misceláneas, en las que personajes fantasmales discurren sobre el espíritu del hombre y su historia; Bosques apasionados y umbríos, con paisajes en los que rescata pájaros, flores, plantas dentro de un ecosistema lastimado y ultimado (“Había una vez el bosque de Caperucita”, “Pedemonte carbonizado”, “Paisaje otoñal”); y Pajonales que son verdaderos paisajes interiores del artista. Detenerse frente a cada una de las obras de Gil es preparase para encontrar escenas de difícil lectura, llenas de claves que guardan varios significados. Convierte un simple lienzo en una sofisticada y sutil exposición de ideas y pensamientos. Este tipo de pintura mezcla un realismo con un trasfondo alegórico, onírico, muchas veces metafísico. En muchas obras de Gil podemos observar distintos elementos que quieren decir algo más que el simple hecho de estar ahí pintados: todos tienen un trasfondo, todos tienen una resignificación. En la obra de Gil se observa un inmenso lirismo y una actitud romántica frente al momento creativo y al Universo al que se aspira. “Quiero libertad para ser yo mismo”, dice Lin Yutang, autor al que Angel admira. Y eso pareciera transmitir en el silencio de sus cuadros, pues si uno penetra en sus bosques cerrados y oscuros percibe que el artista encendió una pequeña luz que abre el camino hacia el adentro de uno mismo. Hay una invitación clara a la apertura. El cesto de verduras de “Eclipse de luna” los elementos aparecen representados a imitación de la realidad. La cesta de ajos en la composición resulta impactante, sobre todo al renunciar el autor a combinar con ella elementos de la vida cotidiana, eligiendo un horizonte oscuro y ominoso, casi premonitorio. Así, este tema podría ser identificado como edificante, ilustrando la máxima latina memento mori y recordándonos la fugacidad de los bienes terrenos, la finitud del hombre. La dinámica del espacio, la visión de las escenas en profundidad, la estructuración de las composiciones mediante diagonales y la distribución de manchas de luz y de azules intensos, rojos puros o amarillos oro, configuran el espacio como algo dinámico, donde los contornos se diluyen y las figuras pierden relevancia frente a la unidad de la escena. Horizontes que son mares, elementos cotidianos, espíritus de pájaros, ríos, montañas, pastos altos, lunas afantasmadas. En todos los trabajos se observa una técnica rica, nutritiva, una mixtura de pinturas, esmaltes y esto efectos de gran intensidad poética. Bosques, pajonales y misceláneas Las más de cuarenta obras expuestas en esta muestra pueden reunirse en tres series: Misceláneas, en las que personajes fantasmales discurren sobre el espíritu del hombre y su historia; Bosques apasionados y umbríos, con paisajes en los que rescata pájaros, flores, plantas dentro de un ecosistema lastimado y ultimado (“Había una vez el bosque de Caperucita”, “Pedemonte carbonizado”, “Paisaje otoñal”); y Pajonales que son verdaderos paisajes interiores del artista. Detenerse frente a cada una de las obras de Gil es preparase para encontrar escenas de difícil lectura, llenas de claves que guardan varios significados. Convierte un simple lienzo en una sofisticada y sutil exposición de ideas y pensamientos. Este tipo de pintura mezcla un realismo con un trasfondo alegórico, onírico, muchas veces metafísico. En muchas obras de Gil podemos observar distintos elementos que quieren decir algo más que el simple hecho de estar ahí pintados: todos tienen un trasfondo, todos tienen una resignificación. En la obra de Gil se observa un inmenso lirismo y una actitud romántica frente al momento creativo y al Universo al que se aspira. “Quiero libertad para ser yo mismo”, dice Lin Yutang, autor al que Angel admira. Y eso pareciera transmitir en el silencio de sus cuadros, pues si uno penetra en sus bosques cerrados y oscuros percibe que el artista encendió una pequeña luz que abre el camino hacia el adentro de uno mismo. Hay una invitación clara a la apertura. El cesto de verduras de “Eclipse de luna” los elementos aparecen representados a imitación de la realidad. La cesta de ajos en la composición resulta impactante, sobre todo al renunciar el autor a combinar con ella elementos de la vida cotidiana, eligiendo un horizonte oscuro y ominoso, casi premonitorio. Así, este tema podría ser identificado como edificante, ilustrando la máxima latina memento mori y recordándonos la fugacidad de los bienes terrenos, la finitud del hombre. La dinámica del espacio, la visión de las escenas en profundidad, la estructuración de las composiciones mediante diagonales y la distribución de manchas de luz y de azules intensos, rojos puros o amarillos oro, configuran el espacio como algo dinámico, donde los contornos se diluyen y las figuras pierden relevancia frente a la unidad de la escena. Horizontes que son mares, elementos cotidianos, espíritus de pájaros, ríos, montañas, pastos altos, lunas afantasmadas. En todos los trabajos se observa una técnica rica, nutritiva, una mixtura de pinturas, esmaltes y esgrafiados que ponderan el mensaje. El claroscuro es utilizado para enfatizar contrastes acusados entre volúmenes iluminados y ensombrecidos espacios y para destacar más efectivamente algunos elementos. Desarrollada inicialmente por los pintores flamencos e italianos del cinquecento, esta técnica alcanzaría su madurez en el barroco, en especial con Caravaggio, dando lugar al estilo llamado tenebrismo. Gil no teme decir que abreva en los clásicos, tanto en pintura, en música como en literatura. Su empatía con el color, sus cardos con pájaros, sus pajonales de gran sensualidad, destacan cientos de pinceladas, cientos de trazos para conseguir la metáfora final: la temporalidad del hombre y su pequeñísima huella en el rostro del Universo. ¿Cómo es posible que una simple brizna de pasto sea transformada en una obra de arte de no ser así? Gil es, sin duda alguna, un poeta en esto de la contraposición luz/sombra. Sólo utiliza la luz en su composición para mostrar lo que él quiere mostrar. Y su técnica le sirve para representar por un lado, un estado de ánimo y por otro, para simbolizar el mensaje. Lo más importante en las obras de este artista, aunque parezca extraño, no es la sombra —a pesar de que como ya dijimos, no le teme al negro o al gris—, sino la luz. No hay obra de él que no tenga luz en un sitio exacto de la tela y eso demuestra el afán de Gil de ir más allá, de pintar haciéndose preguntas que muchas veces no le son respondidas. Busca una transición suave entre la claridad y la oscuridad, implica la presencia de luz y color en toda sombra, y de ahí la insondable belleza de su lo obtenido, sus conmovedores resultados. En la mayoría de las obras de esta muestra, sólo están jerarquizados los espacios, sin ninguna clase de personajes. Yen contraste, se realzan violentamente árboles, pájaros, flores, pastizales, con focos de luz lateral y diagonal, que incide sobre las superficies aplanando su volumen y creando un ritmo interno de la composición basada en el juego lumínico. Este juego produce un efecto espectacular y es una de las claves de los logros. Los temas tienen que ver mayoritariamente con un sentido ecologistas, aluden normalmente al paisaje, al tiempo que renuevan y recrean el concepto de los bodegones clásicos al instalarse elementos cotidianos en hoñzontes infinitos, con cielos graniceros, con lunas escondidas. Una muestra para ser observada detenidamente. Angel Gil no le teme a los colores, a las formas, a las escuelas ni a las palabras y sólo pinta acuciado por la temporalidad con que le ha tocado vivir. Y eso le permite esplender.

Formación: 

Graduado en la Academia de Bellas Artes en el año 1967.

  Exp. Colectivas

Ha participado en más de 100 exhibiciones colectivas en Argentina:Mendoza, San Juan, San Luis, Córdoba, Santa Fe, Rosario, Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Santa Cruil y el exterior
(Chile, Brasil, Perú, Estados Unidos, España).
Junto a otros artistas de Mendoza, fue invitado al Museo “Mariri” y a la Galería “Dubé” en Barcelona, España.

Fue seleccionado para representar a Mendoza en los Salones Nacionales de Buenos Aires en 18 oportunidades desde 1 975.

 Premios

1966 1 er Premio Salón “Bienal Mendoza”
1966 1 er Premio “Manchas” Concurso, Academia de Bellas Artes
1966 Salón Nacional “SUPE. “, Premio Especial
1967 1 er Premio “SUPE.” 2° Salón Nacional
1967 2do Premio Salón “F.O.E.C.Y.T.”
1971 Medalla de oro “Bienal”
1972 Medalla de plata Salón Nacional “Primavera”, San Rafael (Mendoza, Argentina)
1972 3er Premio Salón “Bienal Mendoza”
1980 3er Premio Salón Municipal de Mendoza “Bienal”
1981 1 er Premio Salón “Banco de UDECOP”
1985 1 er Premio Salón Nacional de Flor
1991 3er Premio Salón”Vendimia”
1994 1 er Premio Salón “Bienal Mendoza”
2001 1 er Premio “Palero Impresores” para Maestros del Arte 

Textos s/ artista

 Fue seleccionado para los libros “ARTE DE CUYO”, Centro Cultural Recoleta (Bs. As. Argentina) en 1999 y “ARGENTINA PINTA BIEN” en 2005.

 Acervo: 

Sus trabajos están en los museos y colecciones particulares de numerosas ciudades argentinas y del exterior.

Activ. Académica

Fue profesor del Dibujo y Pintura de la Escuela de Bellas Artes.

Otras actividades

Fue miembro del grupo de plástica Numen” y cofundador de a galería del mismo nombre. También fue cofundador de la Galería “Alfa”. Colaboró en la fundación de la Galería de arte “Zulema Zoiref”. En este momento dirige a un taller de artistas.